No parecía cuando se llegaba al descanso que el partido fuera a tener más historia, incluso aunque se tratara de un derby comarcal que siempre ha levantado pasiones. Porque la primera parte, desde luego, nos había mostrado un patrón de juego muy claro, al menos en el Solares: balones en largo, por bandas o por el centro, buscando la espalda de la defensa visitante y peligro para la portería de Héctor. Y, con mayor o menor frecuencia, los goles fueron cayendo del lado local para llegar al mencionado descanso con un contundente 3-0 que parecía dejar todo resuelto. Dominio de los tiempos del juego de los de Diego Santos, más consistencia en los balones divididos y Viti y Rugama percutiendo por los costados para generar dudas, muchas dudas, en una defensa ribamontana que temblaba cada vez que el balón superaba su línea de medios. La presencia de Cagigal en la parte central de la defensa visitante restó más que sumó para su equipo, no porque estuviera mal atrás, sino porque se perdió su presencia física en el medio campo en el que Bada y Pepo sobre todo se hicieron con el control del juego sin apenas oposición. Si a eso le añadimos que en ataque en esta primera parte los de Galizano apenas fueron capaces de llegar con nitidez al área local (sólo un disparo en los primeros minutos que desvió Luis con fortuna) tenemos el panorama completo de los primeros 45'. Rugama anotó el 1-0 en el 13' aprovechando una llegada hasta línea de fondo de Viti con pase atrás; Ismael hizo el 2-0 en el 19' tras recibir un balón largo, driblar el portero y anotar a puerta vacía; y Viti en jugada personal certificó (3-0) la abrumadora ventaja en el 44'.
Algo debió pasar en los vestuarios (en el local sólo el cambio de Varo por Ismael para dar continuidad a la presión y trabajo en la punta de ataque), especialmente en el visitante, porque la salida en el segundo tiempo nos ofreció otras dinámicas diferentes. La relajación de unos por la victoria (casi) asegurada y el orgullo herido de los otros por el castigo que estaban recibiendo dio paso a una segunda mitad más intensa, más igualada, con alternativas y con momentos en los que el resultado pareció peligrar para los de Solares. Pelayo recortó distancias (3-1) en el 53', aprovechando una grave indecisión en el despeje de la defensa local y, aunque lo seguía intentando y llegaba a veces con cierto peligro, el Riba no parecía ser capaz de poner en dudas el triunfo local. En los últimos minutos, sin embargo, el partido enloqueció y se pareció más a lo que se podía esperar de un derby. De nuevo Pelayo anotó (3-2) en el 83' para llevar más incertidumbre a la grada, en una jugada casi calcada a la de su primer gol. Luego vino el festival de tarjetas, un amago de tángana en la banda, las expulsiones, ... y la certificación del triunfo para los de Medio Cudeyo con una internada de Pala tras combinación en medio campo que puso el 4-2 (89'), cerró el choque y recompensó el buen partido del lateral izquierdo local.
En definitiva, justo triunfo del Solares, sólo apurado en los instantes finales, pero superior en el conjunto del partido a un rival mermado por las ausencias y que optó por una arriesgada estrategia defensiva en la primera parte que le condenó casi sin remedio, aunque, en su descargo, se debe decir que tiró de coraje y amor propio para revertir la situación en el segundo acto. A los locales les queda tiempo, desde luego para celebrar el liderato, pero, sobre todo, para pensar por qué, en dos partidos consecutivos, con un 3-0 a favor que suele ser certificado de triunfo casi seguro, el rival está a punto de remontar y tirar por la borda todo el trabajo hecho. Puede que haya una tercera vez y, quizás, las cosas acaben de otra forma. La superioridad mostrada debe mantenerse con una concentración absoluta hasta el minuto 90 y nadie en el campo debería dar un partido por ganado hasta que no suene el pitido final. A ver si se aprende la lección.
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